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El hombre que escapó de sí mismo vs el hombre que se encontró en el camino

Dr. José María de la Roca Chiapas

Cuando pensamos ¿qué hacer de nuestra vida? nos planteamos disyuntivas entre el deber, el deseo y el placer; a veces por nuestra personalidad, nuestras experiencias previas o nuestra educación, respondemos a formas de ser establecidas sin ninguna reflexión, actuando desde un instinto o mecanicidad.

Cuando la gente se reúne para generar proyectos comunitarios, existe la posibilidad de vivir la fraternidad, la alegría, la conciencia social, pero cuando comienza la interacción a veces, surge el deseo de trabajar individualmente,   algunos dicen “me convierto en el hombre que quiere escapar” de Nueva Acrópolis, aprendiendo que para crear estos proyectos y vivir en fraternidad, hay que estar abiertos de corazón, conocer nuestros vicios y vivir las virtudes, de allí esta reflexión.

Los vicios provocan sentimientos o pensamientos de contracción, son el resultado de la dispersión o la falta de atención en nuestras elecciones, sentimientos o actos, ya que como en la explicación física de la sombra, esta no existe en sí misma. Los vicios, como la oscuridad, evita que nos veamos y nos hunde en un vacío, en una inmovilidad que nos lleva a querer salir de nosotros mismos y de la vida, nos hace querer adquirir objetos de consumo, sentir cualquier cosa, positiva o negativa, aunque no la hayamos elegido.

Y así, inconscientemente desarrollamos sentimientos como tristeza, apatía, anhedonia, indiferencia o enojo.

¿Que nos provocan los vicios?

La inmovilidad, que puede ser provocada por horas frente al televisor o la computadora. En lo físico, nos llevan a un sedentarismo que puede provocar obesidad y enfermedades asociadas, así como la disminución de años de vida saludable.

En lo psicológico, la inmovilidad nos genera miedo y enfermedades incorporadas que pueden llevarnos desde la agresión explosiva hasta el deseo de muerte o suicidio; su contraparte, la hiperactividad sin sentido te puede llevar a actividades de riesgo como sexo sin protección, manías o compulsiones, esto mismo les pasa a las personas que prefieren recibir regaños, maltratos o algún acto violento, dicen “prefiero esto a no recibir ninguna atención”, como en el experimento de deprivación sensorial de Harlow con monos Rhesus donde preferían una madre sustituta de felpa que una madre de alambre, sustituyendo una necesidad afectiva por un similar. Lo mismo pasa con las personas fanáticas que participan ciegamente en una institución, en una escuela, en una secta o una relación, se dejan llevar por sus instintos y no hacen uso de una reflexión profunda, no usan sus propios recursos y se dejan llevar por los pensamientos de otros, buscan sentir pero sin ser conscientes de lo que quieren, es decir les falta desarrollar conciencia y virtudes.

Las Virtudes provocan un sentimiento de expansión, son el resultado del enfoque de nuestra conciencia de hacer bien algo que hemos elegido, y en función de nuestra concentración, lo elegido se expresa con un orden, una armonía, una perfección, así hay virtuosos del piano, de las ciencias, de la vida; encontramos hombres y mujeres sabios que demuestran a través de la palabra, las letras, el canto, la risa o el movimiento, que han logrado un arethe, ‘virtud’. Quien es virtuoso, en la medida que recorre el camino se encuentra a sí mismo y encuentra la BELLEZA, la VERDAD y la SABIDURÍA anhelada.
La virtud es siempre social, se realiza en la media que se comparte con otros, retroalimenta a quien la vive y nutre a quien la percibe o participa de ella.

El conocimiento de los vicios y virtudes nos ayuda a encontrar el propio camino y a nosotros mismos, cuando no tenemos el suficiente valor de auto descubrirnos, de reinventarnos, de trabajar interiormente, nos inmovilizamos, y por el contrario escapamos renunciando a nuestra propia conquista.